ENTRANTE » DE TAPAS POR LEON

Las autoridades competentes en materia de turismo están decididas a promocionar en el mundo las populares tapas leonesas. Para ello ha patrocinado concursos, han editado publicaciones y ha invitado a los más ilustres visitantes a degustarlas.
Degustar las tapas que los distintos establecimientos elaboran para su participación en los concursos es una auténtica gozada, y es triste que no se puedan disfrutar durante todo el año. Hay que dejar patente que las gentes que nos visitan quedan asombradas por la generosidad de nuestros hosteleros. Pero vamos con la historia.
La cultura de la tapa ha variado con el tiempo, como todo. En León, hasta principios de la década de los 80, las tapas sólo y exclusivamente se ponían por la mañana, pero poco a poco se extendió su aportación vitamínica a las tardes y las noches, y ahora, en estos albores del siglo XXI, han llegado hasta a servirse al lado de los cafés matinales. Raro es el bar o cafetería que no acompaña el café con leche, el cortado o el té con nube láctea incluida, de una mantecada, una pasta o un churro, lo que sin duda ha potenciado el aumento de oficinistas hambrientos que saldan sus deudas con el estómago gracias a estas atípicas tapas en los sagrados veinte minutos del “café”.
En muchos establecimientos hosteleros leoneses las tapas son auténticamente merecedoras de este nombre, tanto por su calidad, como por su cantidad, pero en tiempos pretéritos la tapa leonesa era solamente “banderilla” o “pincho”, liviano acompañamiento al vino o la cerveza, que ayudaba a su ingestión sin suplir las necesidades de la comida, por el contrario, ayudaba en su menguada realidad a avivar los ardores de los jugos gástricos, de forma que el trago y el bocado eran auténticos aperitivos y prólogos del banquete, más o menos pantagruélico que ya estaba próximo.
Hoy, como decimos, en la mayoría de los establecimientos se sirven verdaderas tapas que pueden satisfacer, si las rondas son dos o tres, las necesidades vitamínicas y proteínicas del almuerzo o la cena, pasando sus degustadores directamente del aperitivo al café, sistema que ha dado en llamarse “café olé”.
Las tapas sirven, entre otras muchas cosas, para que algunos establecimientos que simultanean la barra con el comedor, muestren las excelencias de sus cocinas. Las pequeñas conchas de calamares en su tinta, de carne o bacalao guisados con patatas, de mollejas en salsa, de mejillones picantes, sirven de brújula, de impagable anuncio, para aquellos posibles comensales que son potenciales clientes de los comedores de la casa.

