ENTRANTE » DE TAPAS POR LEON

Las autoridades competentes en materia de turismo están decididas a promocionar en el mundo las populares tapas leonesas. Para ello ha patrocinado concursos, han editado publicaciones y ha invitado a los más ilustres visitantes a degustarlas.

Degustar las tapas que los distintos establecimientos elaboran para su participación en los concursos es una auténtica gozada, y es triste que no se puedan disfrutar durante todo el año. Hay que dejar patente que las gentes que nos visitan quedan asombradas por la generosidad de nuestros hosteleros. Pero vamos con la historia.

Las referencias
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En León hubo y hay tapas que pueden tomarse como referencia, como ejemplo, como base de toda una tradición. Son de imborrable recuerdo las patatas en salsa gualda del viejo “Racimo de Oro”, instalado en la vetusta Casa de las Carnicerías. De gracia diferente, eran las del también desaparecido “Bar Bayón”, que estuvo ubicado en la esquina de Gil y Carrasco con el Burgo Nuevo, justo frente a “Casa Llanos”, uno de los últimos ultramarinos-taberna que existió en la capital y donde, por cierto, nunca se sirvió tapa alguna. La sangre cocida de la “Bodega Regia”, cuando estaba en la plaza de San Martín, y que ahora se puede degustar en algunos bares de La Pícara, es otra de las tapas clásica de León. Mención aparte merecen los calamares fritos del “San Román” o el “Madrid”, dos clásicos del Barrio Romántico, servidos normalmente en suculentos bocadillos, pero que también tenían su versión abreviada en tapas de barra. Otros calamares míticos eran los rebozados en crujiente gabardina de “Casa Miche”. Miche fue un rapidísimo extremo de la Cultural y Deportiva Leonesa, allá por cuando el primer equipo de la capital disfrutó de los laureles de la Primera División, un futbolista que en el momento de olvidar las glorias del balompié, de colgar las botas de tacos, se dedicó a la hostelería en el corazón del Barrio Húmedo, poniendo como tapas unos calamares de nutritivo rebozado que eran asombro de propios y extraños.

“La Madrileña”, en la calle de Cervantes, era un lugar aparte, un pequeño bar que antes fue sidrería y que ofrecía siempre como tapa unas escuetas aceitunas, pero donde se podía disfrutar de una enorme variedad de conservas de alta calidad, como mejillones, bonito y chicharro en escabeche, anchoas… eso sí, pasando por caja.
 

última modificación el 21 de Junio del 2010
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ministerio de industria, turismo y comercio