ENTRANTE » GASTRONOMÍA LEONESA

Introducción
La gastronomía de León tiene como nota predominante la contundencia. Desde el mítico botillo a los fuertes quesos de montaña. Desde los encendidos pimientos de Fresno o El Bierzo, a las singulares morcillas de sangre y cebolla. Desde el rojo espectáculo del bacalao al ajo arriero, hasta la novela culinaria en capítulos del cocido maragato… en este país nuestro, todo es potente en sabores, aromas y texturas.
Naturalmente esta contundencia no es gratuita, el clima de fuertes contrastes, pero especialmente frío en la mayor parte del año, y los duros trabajos rurales, han hecho que las viandas sean necesariamente de alto contenido energético.
El vino de las tierras de León, las que rodean a la capital, fue siempre el clarete de Prieto Picudo, un caldo joven, brillante, rosado, chispeante y un pelín agrio, que se cultivaba desde las mismas puertas de León, hasta las lejanas llanuras de Valderas. Los vinos de esta variedad de uva se han convertido en exquisitos y tienen ya su propia denominación de origen. Se elaboran tanto tintos como claretes, y en buena parte pasan su juventud en la oscuridad de las bodegas, con lo que han conseguido presentar nuevos matices que les están convirtiendo en internacionales. Un caldo eminentemente cazurro que se ha vestido de gala.
En lo de la comercialización, la selección y esmerada elaboración, han ido por delante los caldos bercianos elaborador a partir de la variedad Mencía. Unos vinos con una ligera nota de acidez, pero amorosos y potentes como pocos. Conocidos expertos aseguran que los Mencía bercianos pueden ser los vinos de mayor proyección internacional de cuantos se elaboran en España.
Historia tienen suficiente como para respaldar a unos y otros en su viaje por el mundo. No olvidemos que la viticultura leonesa viene, según unos, de la abnegada laboriosidad de los monjes de Cluny. Mientras otros son partidarios de opinar que fueron los mismísimos romanos los que la trajeron cuando decidieron conquistar la península.
No queremos olvidar un producto original que ese está perdiendo y que es el tostadillo de Valdevimbre, un preparado entre dulce y amargo, entre el aguardiente y el vino… una delicia que está a punto de desaparecer.

